MUSEO


El Estado y la Inmigración

El contexto internacional El contexto nacional
La inmigración en el proyecto de organización nacional La pacificación política y la organización del estado
La expansión económica La legislación migratoria
El nuevo rostro de la sociedad

EL CONTEXTO INTERNACIONAL

Las condiciones de los países de origen

La movilidad geográfica de las personas ha sido una constante a través de la historia europea. Desde mucho antes de la emigración de masas, hombres y mujeres se desplazaron durante siglos por razones económicas, políticas o religiosas.
Tradicionalmente, en las sociedades agrícolas y pastoriles se producían movimientos estacionales de mano de obra, debido a los ciclos agrícolas y a la trashumancia ligada a la ganadería.
Otras formas de movilidad en la sociedad preindustrial fueron las migraciones del campo a las ciudades, los desplazamientos voluntarios o forzosos producidos por las guerras y las rivalidades entre Estados, la expulsión de minorías religiosas, el movimiento de artesanos especializados que ofrecían sus servicios en distinas regiones.
La "Gran Emigración" o "Emigración de masas", que se inició a comienzos del siglo XIX, fue en cierta medida una continuación de esta movilidad geográfica, pero tuvo al mismo tiempo rasgos muy particulares, que la convirtieron en un fenómeno diferente de la "emigración de oficio" característica del Antiguo Régimen. Entre 1830 y 1930 más de cincuenta millones de europeos emigraron hacia América. En parte conserva alguna de las características de los movimientos migratorios preexistentes. Pero se distingue de ellos sobre todo por tres factores: la masividad del fenómeno, el fuerte peso de la emigración definitiva y la preeminencia de destinos mucho más lejanos, más allá de los océanos.
En la primera mitad del siglo XIX las emigraciones de trabajo representan, a causa de sus dimensiones y características, un fenómeno nuevo en la historia europea. Este gigantesco movimiento de población se manifestó de diferentes maneras, tanto de espacio como de tiempo. La cadencia y la intensidad de los flujos inmigratorios cambiaban de país a país y de región a región, como consecuencia de los diversos tiempos en los que obraron los principales factores de naturaleza económica y demográfica.

Las Demográficas

¿Por qué millones de habitantes de diversas naciones europeas se vieron compelidos a abandonar sus países de origen desde las primeras décadas del siglo XIX, en una dimensión que no tenía precedentes?
Una primera razón fue el crecimiento de la población. Durante siglos, las altas tasas de natalidad habían sido contrarrestadas por altas tasas de mortalidad, debidas a las hambrunas, a las enfermedades endémicas y epidémicas -viruela, peste bubónica, tuberculosis- y a las guerras. Los rendimientos de la agricultura fueron muy bajos hasta el siglo XVIII, y ponían un primer límite al incremento demográfico.
Las tasas de mortalidad infantil eran muy altas, y las condiciones sanitarias deficientes. Enfermedades que hoy son benignas eran mortales, y la tuberculosis era una de las principales causas de muerte en la población joven. La mortalidad se incrementaba en los períodos de malas cosechas, y sobre todo con las epidemias.
A partir del siglo XVIII las condiciones demográficas europeas se fueron modificando. Las mejoras en la agricultura permitieron disponer de mayores recursos alimenticios, y las condiciones sanitarias mejoraron en la medida en que se iban realizando progresos en la medicina. Todo ello contribuyó a que la mortalidad fuera descendiendo, y como las tasas de natalidad siguieron siendo altas, se produjo un crecimiento de la población sin precedentes.
Mientras que al comenzar el siglo XIX la población europea había alcanzado la cifra de casi 200 millones de habitantes, para 1900 se había duplicado, de acuerdo a las cifras que siguen.
Desde el punto de vista demográfico, la emigración fue una respuesta a la presión generada por el crecimiento de la población, y sirvió como válvula de escape.
No todos los países europeos ni todas las regiones dentro de ellos participaron del fenómeno migratorio de la misma forma. No es posible establecer una correlación mecánica entre crecimiento de la población y emigración: a la presión demográfica se sumaban otros factores. Sin embargo, es evidente que la emigración de masas fue posible en la medida en que la población europea comenzó a crecer a un ritmo inusitado.

Las Condiciones Económicas

El siglo XIX fue para Europa un período de profundas transformaciones económicas, marcado por el proceso de industrialización y sus consecuencias.
Desde los comienzos de la Revolución Industrial en Gran Bretaña a fines del siglo XVIII, este fenómeno fue difundiéndose por el continente. La industria se convirtió en la actividad económica más dinámica. Las viejas formas de producción industrial fueron paulatinamente reemplazadas por el sistema de fábrica. Tuvo lugar un acelerado proceso de urbanización, caracterizado por el crecimiento y modernización de las ciudades y por el incremento incrementándose la población urbana con relación a la población rural. Los cambios también afectaron a la producción agrícola, que fue incrementando sus rendimientos gracias al proceso de innovación tecnológica. Cambios en las relaciones de producción y en los regímenes de propiedad llevaron a la progresiva parcelación territorial y al cultivo de las tierras marginales. El fuerte crecimiento de la población acentuó en muchas áreas la crisis alimenticia y la escasez de tierras libres.
Las migraciones del campo a la ciudad contribuyeron a agravar la disminución de los salarios y la desocupación del proletariado urbano.
En la medida en que el proceso de industrialización fue contemporáneo al proceso migratorio, cabe preguntarse en qué medida fue una de sus causas.
Sin duda las nuevas condiciones económicas crearon un marco de posibilidades para la emigración masiva. En primer lugar, la llamada "revolución de los transportes", que tuvo lugar a partir de la década de 1820. Ella agilizó notoriamente el transporte terrestre con la difusión del ferrocarril, acortando distancias y permitiendo desplazamientos de más largo alcance. También hizo posible, con la navegación a vapor, el abaratamiento de los viajes oceánicos y la reducción de los tiempos de viaje.
Hacia fines del siglo XIX los pasajes marítimos eran relativamente accesibles, y el tiempo de viaje entre los puertos europeos y el de Buenos Aires se había acortado sensiblemente. En la década de año 1830 cruzar el Atlántico en barcos a vela desde los puertos italianos de Génova o Livorno insumía no menos de cincuenta días. Con la aparición de los barcos a vapor el tiempo del viaje se redujo a menos de la mitad, es decir entre 18 y 24 días. Estas condiciones podían modificarse a causa del mal tiempo o de desperfectos técnicos, lo cual alargaba la duración del trayecto.
La conformación de un mercado mundial crecientemente integrado favoreció el libre movimiento de las personas y el desplazamiento de trabajadores desde zonas con exceso de mano de obra hacia las regiones en las que ésta escaseaba. También facilitó el envío de remesas de parte de los emigrantes a sus países de origen, ya que no existían restricciones para el giro de moneda desde los países de destino. Las sumas de dinero que giraban los inmigrantes en forma individual no eran elevadas, pero dada la gran cantidad de personas que residían lejos de sus hogares, la suma total fue muy importante, y tuvo una fuerte incidencia sobre la economía europea.
Las nuevas condiciones económicas también actuaron como factores de expulsión. Por ejemplo, el desarrollo de determinadas regiones a expensas de otras implicó el empobrecimiento de estas últimas. La difusión de procesos de innovación tecnológica que arruinaban a actividades tradicionales, como el artesanado, contribuyó sin duda a provocar movimientos de población. En muchos casos los artesanos elegían la vía de la emigración como alternativa a la proletarización, y buscaban ejercer sus oficios en los países de destino. Aunque el aumento de la población llevaba consigo una creciente demanda de bienes y una mayor producción, la expansión industrial no tenía la capacidad de absorber la oferta de trabajo disponible. Los desplazamientos internos de la población rural hacia las ciudades, y los transoceánicos hacia las ocasiones de trabajo en el extranjero, representaron la respuesta natural a la "presión demográfica diferencial" entre países europeos y americanos.
En algunas regiones de Europa, la conformación de mercados nacionales y la unificación de tarifas externas, perjudicó a las regiones más atrasadas, como por ejemplo el Sur de Italia.
Se ha tratado de establecer una correlación entre la emigración masiva y la crisis agraria que vivió Europa entre mediados de la década de 1870 y mediados de la de 1890, debida a la gran depresión de los precios de los cereales generada por la competencia de los granos extranjeros. Ello habría generado la ruina de parte del campesinado, que se habría visto obligado a emigrar. Pero todo ello varió según países y regiones, y es difícil encontrar explicaciones generales satisfactorias.
Algunas regiones de Italia, como la Liguria, tuvieron su apogeo emigratorio antes de la "Gran Depresión", y otras, como Sicilia, lo comenzaron una vez finalizada la crisis. Pero en el Veneto el flujo emigratorio estuvo estrechamente vinculado a las fluctuaciones de la economía agraria. En lo que respecta a España, el auge de la emigración ultramarina se produjo hacia mediados de los años noventa, cuando Europa en su conjunto comenzaba a salir de la gran depresión.
Las condiciones económicas fueron sin duda factores determinantes de la emigración, pero variaron de país en país y de región en región. En algunos casos la crisis agraria fue el principal factor de expulsión. Pero en otros no fue así: en el Norte de Italia la difusión del telar mecánico, que perjudicó a los campesinos que efectuaban trabajo a domicilio con telares manuales, tuvo una importancia similar a la caída de los precios agrícolas como motor de la emigración ultramarina. En España fue clave la ruptura comercial con Francia a comienzos de la década de 1890, ya que cerró un mercado al que se dirigía la mayor parte de la producción agraria. También debe tenerse en cuenta que la emigración puede ser inducida por catástrofes naturales, como las plagas agrícolas, que afectan sólo a algunas regiones.
¿Fue la miseria generada por las nuevas condiciones económicas la principal causa de la emigración? Más allá de casos aislados, no parece haber sido la regla. La pobreza extrema era más un obstáculo que un motor de la emigración transoceánica. En primer lugar porque los emigrantes debían hacer frente al costo del pasaje, salvo en aquellos casos en que existieran pasajes subsidiados (como en el caso de Brasil y de Argentina en algunos años). En segundo término, porque para los sectores más carenciados resultaba difícil disponer de recursos como para sobrevivir sin trabajar el tiempo del viaje y el que llevara la incorporación al mercado laboral en el país de destino.
Generalmente no eran los más pobres los que emigraban. Encuestas realizadas en el Sur de Italia a principios de este siglo revelan que muchos campesinos de zonas deprimidas no emigraron a América por falta de dinero para poder hacerlo. En los casos de España e Italia no se emigraba desde las zonas de latifundio, donde se encuentra la mayor cantidad de jornaleros agrícolas, sino desde aquellas de minifundio, cuyos habitantes, pequeños propietarios o arrendatarios, se encontraban en una situación relativamente más holgadaEn realidad, quienes emigraban lo hacían por diversas motivaciones, que no siempre eran económicas

Las Condiciones Sociales y Politicas

El siglo XIX fue también un siglo de alta conflictividad social, y ella no fue ajena al proceso migratorio.
Una vez más, la situación varió en términos regionales. Algunos autores trataron de encontrar una correlación entre altos niveles de organización social -sindicatos y partidos políticos fuertes- y bajas tasas de emigración. E inversamente, entre bajos niveles de organización social y elevadas tasas de emigración. Ello no es necesariamente así: podía darse que mientras los estratos más sumergidos elegían la sindicalización o la lucha política, los arrendatarios y pequeños propietarios podían optar por la emigración. No se trataría de altas y bajas tasas de emigración, sino de diversos estratos sociales que emigraban.
Más allá de las variantes regionales, la emigración era una válvula de escape para las sociedades con alta conflictividad. En realidad, la emigración política se había iniciado con el exilio de liberales y republicanos, y se continuó más tarde con el de socialistas, anarquistas y comunistas. En algunos casos, como el italiano, las autoridades fomentaban la emigración de militantes radicalizados, otorgándoles la libertad y un pasaporte "limpio" a cambio de que abandonaran el territorio italiano.
A los emigrados por razones sociales o políticas, debemos agregar a los que se expatriaban por razones religiosas. Entre ellos se incluyen tanto los miembros de minorías que emigraban para realizar proyectos comunitarios en los países de destino -por ejemplo los valdenses- como los grupos víctimas de persecuciones en los países de origen, como los judíos o los armenios.
De entre la variedad de protagonistas y situaciones del movimiento migratorio, es posible recortar dos figuras.
En primer lugar, la de aquellos afectados en su actividad por el cambio de las condiciones económicas, demográficas y sociales (nacionales o continentales) que hemos considerado previamente. Esta categoría abarca desde los artesanos urbanos desplazados por la aparición del sistema de fábrica hasta los agricultores perjudicados por una ampliación de mercados que favorece a ciertas regiones y empobrece a otras. Ambos, artesanos y agricultores, buscan revalorizar, a través de la emigración, sus profesiones. Intentan defender actividades que no sólo les permitan subsistir, sino también mantener una forma de sociabilidad y un tipo de estructura familiar.
Una segunda figura sería la de aquellas personas que buscan valorizar al máximo, a través de estrategias de movilidad social, ciertas ventajas comparativas que poseen, como un pequeño capital, un título, o simplemente un conjunto de conocimientos empíricos. Los nuevos espacios que se abren en las sociedades de ultramar aparecen ante ellos como muy adecuados para favorecer su veloz ascenso social.

Las Estrategias de los Inmigrantes

Cuando hacemos referencia a las estrategias de los inmigrantes partimos de la premisa de que no puede comprenderse cabalmente la acción social sin tener en cuenta la función activa de los sujetos en el proceso de toma de decisiones. Si bien existió, desde mediados del siglo XIX, un contexto internacional y nacional que favoreció el proceso migratorio de masas, los inmigrantes no respondieron mecánicamente a los estímulos externos. Tomaron la decisión de expatriarse después de evaluar la información de que disponían, eligiendo determinados destinos en vez de otros, y resolviendo cuáles miembros del grupo familiar emigrarían y cuáles permanecerían en el país de origen.
Desde esta perspectiva, un primer tema a contemplar es el del acceso a la información, es decir a través de qué vías los potenciales emigrantes obtenían noticias de las posibilidades que ofrecían los posibles países de destino, y opciones concretas a partir de las cuales concretar sus decisiones.
Parte de la información era proporcionada por agentes de los gobiernos, de las compañías de colonización o de las compañías de navegación. Pero en su los emigrantes obtenían la información clave y tomaban sus decisiones a través de las relaciones personales que mantenían con parientes, amigos y vecinos. Estas constituían las "redes sociales primarias" o de interacción "cara a cara", que no sólo proporcionaban información sino también propuestas concretas y garantías seguras para llevar a cabo el viaje y la primera instalación en el país de destino.
Los emigrantes, en busca de objetivos prácticos -como la elección de un destino concreto y la obtención de trabajo y alojamiento- utilizaron.
sus propias redes, proporcionadas por el grupo de parientes o vecinos. El sistema, que fue observado por los primeros estudiosos de la emigración, ha recibido el nombre de "cadena migratoria".
La noción de "cadena migratoria" comenzó a ser utilizada en los medios académicos desde la década de 1950, a partir de trabajos de historiadores neocelandeses y australianos. Ha sido definida por J.S.y L.McDonald [1964] como "el movimiento a través del cual los presuntos emigrantes se enteran de las oportunidades, son provistos de transporte y obtienen su instalación inicial y empleo, por medio de relaciones sociales primarias con inmigrantes anteriores". El mecanismo así definido era contrapuesto a los movimientos basados en sistemas impersonales de reclutamiento y asistencia a los inmigrantes. La cadena servía en este contexto para explicar quién debía emigrar, adónde, cómo, dónde se instalarían los emigrantes y qué ocupación desempeñarían.
El concepto de cadena migratoria fue reformulado más tarde por otros estudiosos, pero más allá de las variantes, implica sobre todo la propuesta de recuperar la experiencia vivida de los migrantes como sujetos sociales. Los protagonistas son vistos ya no como masas inertes arrastradas por las fluctuaciones del capitalismo (a través de la combinación de factores de atracción y de expulsión), sino como sujetos activos capaces de formular estrategias de supervivencia y readaptación en contextos de cambio macroestructurales.
Estrategias que aún con sus límites, aún con sus insuficiencias frente a las políticas de otros actores sociales involucrados en el proceso migratorio deben adquirir una función explicativa central a los efectos de obtener una imagen menos unilateral y más compleja de los mecanismos migratorios. Esta línea interpretativa ayuda sobre todo a comprender de una manera más realista las estrategias individuales y grupales, colocando a los emigrantes en el centro de la historia, aún con los límites y condicionamientos de la época.
La cadena se manifestaba a través del apoyo económico -normalmente bajo la modalidad de adelanto de los gastos del viaje- y la intervención de parientes o amigos ya emigrados. A través de estos canales garantizados el emigrante conocía las oportunidades existentes en una localidad extranjera y se proveía de los medios necesarios para afrontar su primer asentamiento.
La mayor parte de los emigrantes no utilizó los servicios ofrecidos por los estados o los entes públicos, aunque es verdad que las políticas migratorias constituyen un aspecto importante en todo este proceso y, en general, son la condición sine qua non formal para que se puedan verificar y registrar los movimientos migratorios.
Las cadenas de solidaridad y las relaciones de cooperación no operaban sólo en sentido bipolar, de los pueblos de origen a un determinado lurgar de destino; era más frecuente el caso de la multipolaridad de destinos, con varios casos siempre "asistidos" por la cadena.
El tema de las estrategias no se agota en el estudio de las cadenas. Implica también remarcar que la emigración era en la gran mayoría de los casos no tanto el resultado de una decisión individual sino que constituía parte de un proyecto familiar, bien calibrado y que respondía a exigencias precisas. Las razones de la emigración eran muy variadas. Podía tratarse de hacer frente a algún problema concreto y coyuntural - pagar una deuda, la enfermedad de algún miembro de la familia, una calamidad imprevista-, o de resolver situaciones características en la estructura de la sociedad campesina, como los casamientos, las dotes, la compra o el mantenimiento de la propiedad de la tierra.

EL CONTEXTO NACIONAL

La Argentina fue uno de los países del Nuevo Mundo que más inmigrantes recibió en el período de emigración de masas. Si bien en términos absolutos la cantidad de inmigrantes que se instalaron en el país entre 1880 y 1930 fue inferior a la de los que se dirigieron a los Estados Unidos, la Argentina fue el país que tuvo la mayor proporción de extranjeros con relación a su población total. De acuerdo a los datos del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por extranjeros.

¿Por qué tantos inmigrantes decidieron instalarse en nuestro país? ¿Qué ofrecía la Argentina como factores de atracción durante la época de las migraciones masivas?.

Hay que considerar que desde las últimas décadas del siglo pasado el país ingresó en una etapa de expansión económica sin precedentes, acompañada por un proceso de pacificación política y de consolidación de las instituciones.
Todo ello favoreció la llegada de inmigrantes, y convirtió a la Argentina en uno de los destinos privilegiados.

LA INMIGRACIÓN EN EL PROYECTO DE ORGANIZACIÓN NACIONAL

La Argentina fue uno de los países del Nuevo Mundo que más inmigrantes recibió en el período de emigración de masas. Si bien en términos absolutos la cantidad de inmigrantes que se instalaron en el país entre 1880 y 1930 fue inferior a la de los que se dirigieron a los Estados Unidos, la Argentina fue el país que tuvo la mayor proporción de extranjeros con relación a su población total. De acuerdo a los datos del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por extranjeros.

¿Por qué tantos inmigrantes decidieron instalarse en nuestro país? ¿Qué ofrecía la Argentina como factores de atracción durante la época de las migraciones masivas?.

Hay que considerar que desde las últimas décadas del siglo pasado el país ingresó en una etapa de expansión económica sin precedentes, acompañada por un proceso de pacificación política y de consolidación de las instituciones.

Todo ello favoreció la llegada de inmigrantes, y convirtió a la Argentina en uno de los destinos privilegiados.

La organización política e institucional y la modernización económica y social fueron los pilares en los que se asentó el proceso de transformación. En este marco, la inmigración fue el resultado "de un esfuerzo consciente de parte de las élites que dirigieron la organización del país para sustituir su vieja estructura, heredada de la sociedad colonial, con una estructura social inspirada en los países más avanzados de occidente" (G.Germani, 1965, p.180)
El propósito principal y explícito no era solamente el de "poblar el desierto", sino también el de modificar sustancialmente la composición de su población, sumando a la población nativa la de inmigrantes europeos, que debían transmitir sus valores al conjunto de los habitantes del país.

Estas ideas aparecieron ya explicitadas en la "Bases y puntos de partida para la Organización Política de la República Argentina", de Juan Bautista Alberdi, cuya primera edición fue publicada en mayo de 1852, a pocos meses de la derrota de Rosas en Caseros. Alberdi veía a la inmigración como "un medio de progreso y de cultura para América del Sur" (Bases, ed.Jackson, 1953, p.77).

Para Alberdi, la Argentina debía recibir, a través de los inmigrantes, "el espíritu vivificante de la civilización europea". (Bases, p.77). Ellos introducirían hábitos de orden y de buena educación, hábitos de industria y de laboriosidad, y los transmitirían al conjunto de la población del país. Alberdi veía en la inmigración una de las claves para el desarrollo de la Argentina, ya que los habitantes de los países más industrializados, es decir los de Europa del Norte, al radicarse en nuestro país harían posible que éste se transformara y se convirtiera en una nación avanzada. Alberdi creía en lo que él designaba como "la educación de las cosas", que consistía en educar con el ejemplo y con la enseñanza de habilidades concretas, más que con la enseñanza humanística y formal.

Para fomentar la inmigración, Alberdi proponía una serie de medidas concretas. Por un parte, firmar tratados con países extranjeros que garantizaran los derechos de propiedad, de libertad civil, de seguridad, de adquisición y de tránsito. Veía a los tratados de amistad y comercio como "el medio honorable de colocar la civilización sudamericana bajo el protectorado de la civilización del mundo" (Bases, p.80). En segundo término, el gobierno debería fomentar la inmigración espontánea, otorgando a los inmigrantes "franquicias que les haganO Occi olvidar su condicíon de extranjeros" (p.82), siguiendo el modelo de los Estados Unidos. En tercer lugar, sostenía que la tolerancia religiosa era un elemento clave: y presentaba para América española un "dilema fatal: o católica exclusivamente y despoblada; o poblada y próspera, y tolerante en materia de religión" (p.83). Excluir a los no católicos, principalmente los protestantes, era para Alberdi excluir a los pobladores que más necesita este continente.

La atracción de inmigrantes y su distribución a lo largo de todo el territorio nacional sólo serían posibles contando con un adecuado sistema de transportes. El ferrocarril, la libre navegación de los ríos y la supresión de las aduanas interiores eran vistos por Alberdi como condiciones para que la acción civilizadora de Europa penetrara en el interior de nuestro continente (pp.86-97).

Sostenía también que la legislación civil y comercial debía facilitar la radicación de extranjeros, para lo cual era necesaria una reforma de las leyes para adecuarlas a la nueva constitución.

Las "Bases" fue uno de los textos en los que se inspiró la Constitución de 1853, que en su artículo 25 establece que "El gobierno Federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes". Otros artículos garantizan los derechos civiles de todos los habitantes de la Confederación (art.14), el derecho de propiedad (art.17), la seguridad jurídica (art.18). El artículo 20 establece que "Los extranjeros gozan en el territorio de la Confederación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias."

Si bien tanto el gobierno de la Confederación como el de la Provincia de Buenos Aires tomaron diversas medidas para fomentar la inmigración, recién en 1876, durante la presidencia de Avellaneda, se promulgó la ley nº 817, de "inmigración y colonización", sancionada el 19 de octubre de dicho año.

LA PACIFICACIÓN POLÍTICA Y LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO

La construcción de un estado nacional fue un proceso lento y complejo que se inició con la Revolución de Mayo y demandó más de medio siglo de guerras civiles y experimentos fallidos.

A pesar de la intensa actividad económica despertada ya antes de la caída de Rosas por las transformaciones que se iban produciendo en la economía mundial, las posibilidades de expansión se veían limitadas por diversos factores de orden económico e institucional.

La ausencia de un mercado nacional integrado, la precariedad de los medios de comunicación, la anarquía en los medios de pago, la inexistencia de un mercado financiero, las dificultades para expandir la frontera territorial contribuían a generar un marco de inestabilidad que atentaba contra el crecimiento económico.

Además, la ausencia de garantías sobre la propiedad, sobre la estabilidad productiva y aún sobre la propia vida -derivadas de las continuas guerras civiles y de las incursiones indígenas- ponían escollos casi insalvables a la iniciativa privada.
"La distancia entre proyecto y concreción, entre la utopía del 'progreso' y la realidad del atraso y el caos, era la distancia entre la constitución formal de la nación y la efectiva existencia de un estado nacional" (Oszlak, 1982, p.54).

A los pocos meses de la caída de Rosas, en septiembre de 1852, se inició una nueva etapa de fragmentación política del territorio. A pesar de que en 1853 fue sancionada la Constitución, entre 1852 y 1862 la Provincia de Buenos Aires estuvo escindida del resto de las provincias, nucleadas en la Confederación Argentina cuya capital era Paraná.

Si bien con la batalla de Pavón se produjo la reunificación del territorio y el inicio de las "presidencias nacionales" -Mitre, Sarmiento y Avellaneda-, quedaban pendientes diversas cuestiones a resolver que llevaron a nuevos enfrentamientos armados. Los levantamientos de montoneras en las provincias del Noroeste, de Cuyo y de Entre Ríos en las décadas de 1860 y 1870 y las luchas que tuvieron lugar en torno a la capitalización de Buenos Aires, que culminaron recién en 1880, fueron las expresiones más salientes del conflicto. A los enfrentamientos internos se sumó la Guerra con el Paraguay, que tuvo lugar entre 1865 y 1870.

Para la élite argentina el "orden" aparecía como una condición del progreso económico, y tenía a su vez proyecciones externas. Su instauración permitiría obtener la confianza del extranjero en la estabilidad del país y sus instituciones. Con ello se atraerían capitales e inmigrantes, dos factores de producción sin cuyo concurso toda perspectiva de progreso resultaba virtualmente nula.
A pesar de los conflictos internos y externos, las primeras presidencias constituyeron una etapa de modernización jurídica y política. Por primera vez se puso en práctica la división de poderes establecida por la Constitución, al instalarse en 1862 el Poder Judicial. A partir de 1863 se reglamentó la emisión del voto sobre la base de las normas fijadas por la Constitución, instaurándose el sistema electoral que tuvo vigencia hasta 1912.

La aprobación de los Códigos Civil y de Comercio permitió consolidar la legislación privada y penal para todo el país, estableciendo las bases de la seguridad jurídica. A partir de 1880, al inciarse la presidencia de Roca, el país se pacificó, y la paz política permitió a la nueva administración emprender con éxito la transformación de la estructura institucional del país.

Luego de la federalización de la ciudad de Buenos Aires, diversas medidas procuraron consolidar y organizar el nuevo marco institucional, entre ellas la organización de los territorios nacionales, la creación del Código de Procedimientos en lo civil, la Ley de Unificación Monetaria, la Ley de Educación Común (1884) y la de Registro Civil (1888).

LA EXPANSIÓN ECONÓMICA

Desde mediados del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial la economía argentina creció en forma sostenida, a un ritmo que se aceleró a partir de la década de 1880.

El período 1880-1914 fue la etapa de mayor crecimiento económico del país. "Las tendencias que ya se visualizaban con anterioridad a 1880 terminaron por generar un crecimiento irregular pero vigoroso, orientado hacia las exportaciones, de un dinamismo inusual aún en aquellos años en los que muchas de las regiones periféricas del mundo asistían a procesos en los que las exportaciones constituían el motor del crecimiento. Ya sea que se compare el crecimiento experimentado por Argentina con su propia evolución anterior o posterior, o con lo que estaba sucediendo en el resto del mundo durante el período 1880-1913, puede calificárselo, sin lugar a dudas, de extraordinario" (Díaz Alejandro, 1980, p.370). Entre 1880 y 1913 el producto bruto per cápita se más que duplicó. La población total se cuadruplicó, elevándose de menos de dos millones de habitantes a comienzos de la década de 1870 a más de ocho millones en 1914. Las tasas de crecimiento anual entre 1880 y 1914 fueron del 3.4% para la población y de entre 2 y 2.5 para el PBI.

La base de este crecimiento estuvo constituida por una serie de factores, entre los que se destacan la expansión acelerada de la producción agropecuaria, el crecimiento de las exportaciones, la modernización del sistema de transportes -en particular gracias a la construcción de los ferrocarriles y el crecimiento de la población. Estos cambios afectaron la configuración del espacio y se tradujeron en la formación de un mercado nacional, y en el desarrollo de una incipiente industria vinculada a la ganadería y al agro.

Al mismo tiempo, la Argentina se fue incorporando a un mercado mundial crecientemente integrado como país exportador de productos agropecuarios.

Desde la década de 1820 tuvo lugar un primer proceso de modernización y diversificación de la producción agropecuaria, gracias a la introducción y difusión de la cría del ovino, proceso que se aceleró desde la década de 1840. Para 1851 la lana constituía más del 10% de las exportaciones totales del país, y el stock de ovejas alcanzaba a 14 millones de cabezas (hacia 1810 el número de ovejas era de entre 2 y 3 millones). La expansión del ovino continuó en la década de 1860, produciéndose una verdadera "fiebre del lanar". Para 1865 la lana se había convertido en el principal producto de exportación de la Provincia de Buenos Aires y también del país. En los años setenta el sector siguió en crecimiento, aunque expuesto a los altibajos que derivaban tanto de las condiciones del mercado internacional como de los problemas locales que afectaban a la cría y a la exportación (H.Sábato, 1989, 42-43).

Hasta fin de siglo la lana siguió siendo el principal producto de exportación del país, pero la cría de ovinos fue declinando paulatinamente desde la década de 1880. Al mismo tiempo, las variedades destinadas a la producción de lana -como el merino- se fueron desplazando desde la provincia de Buenos Aires hacia el sur, reemplazadas por nuevas razas, que servían también para el abastecimiento de carne a la naciente industria frigorífica.

Pero además, para fines de la década de 1880 ya estaba madurando otro proceso, que cambió radicalmente el uso del suelo en la pampa húmeda. El vacuno, destinado a los frigoríficos, fue reemplazando al ovino. Al mismo tiempo, se produjo una fuerte expansión de la agricultura, gracias a la incorporación de nuevas tierras

"Hacia mediados los años 1876-79, la superficie que estaba en explotación en la zona pampeana argentina alcanzaba a 54,6 millones de hectáreas. Entre esos años y el final de la década de 1880, esa superficie llegaba a 83,8 millones de hectáreas. En una década se habían agregado unos 30 millones de hectáreas, alcanzando la superficie explotable en la Pampa Húmeda sus dimensiones actuales. (...) " (R. Cortés Conde, 1980, p.377). En los años ochenta la incorporación de tierras se debió sobre todo a la campaña del desierto.

El crecimiento de la oferta de tierras permitió en primer lugar una gran expansión de la ganadería vacuna, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. A partir de la extensión del ferrocarril, comenzó la expansión de la agricultura, que se aceleró en la década de 1890. En una primera etapa la provincia de Santa Fe lideró este proceso, seguida por la de Buenos Aires, pero hacia 1914 la producción cerealera de Buenos Aires superaba ampliamente a la de Santa Fe.

El aumento de la producción agrícola, especialmente en el caso del trigo, se tradujo en un fuerte incremento de las exportaciones, que pasaron de 328.000 toneladas en 1890 a 1.900.000 en 1900.
También fueron incrementándose las exportaciones de carne congelada, gracias a la expansión de la actividad frigorífica y a la mestización del ganado.

Si bien la primera línea ferroviaria comenzó a construirse en 1857, el aumento de las millas construidas fue lento hasta la década de 1880. En 1880 la longitud total de las líneas ferroviarias era de 1563 millas. Para 1890 de casi 6000, y para 1914 de más de 21.000. Las etapas de mayor expansión fueron los años ochenta y la década previa a la primera guerra mundial. Para entonces todas las líneas troncales estaban trazadas, y de allí en más el crecimiento fue muy lento.

La construcción de los ferrocarriles fue un elemento clave en la consolidación de la actividad agroexportadora, ya que posibilitó la colonización y explotación comercial de la pampa. El desarrollo agrícola no hubiera sido posible sin ferrocarril, ya que no existían vías alternativas que permitieran el transporte desde las zonas de producción.

LA LEGISLACIÓN MIGRATORIA

La legislación argentina otorga igualdad de derechos y obligaciones a nativos y extranjeros. Así lo sostiene nuestra Constitución en su artículo 20 cuando expresa: "Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión.no están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias".

Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, en 1876, se sancionó y promulgó la ley no. 817, primera que regula la inmigración y colonización. La ley consta de 121 capítulos, la mitad de ellos dedicados a la inmigración, y la otra mitad a la colonización. En 1903, al sancionarse la ley nº 4167 "de venta y arrendamiento de tierras fiscales", quedó derogada la parte correspondiente a la colonización.

Por medio de la Ley se creó el Departamento General de Inmigración, dependiente del Ministerio del Interior (art.1º); dándole al Poder Ejecutivo la facultad de nombrar agentes en aquellos puntos de Europa o de América que considere convenientes para fomentar la inmigración para la República Argentina, los que tendrán como función "desarrollar una continua propaganda, proporcionar gratuitamente informes a los interesados, certificar sobre la conducta y actitud industrial del inmigrante, intervenir en los contratos de transporte y, en algunos casos, pagar sus pasajes" (art.4).

El Ejecutivo podrá también nombrar comisiones de inmigración en los puntos del país interesados en el problema, con la función de alojar, colocar y trasladar inmigrantes (art.8). Oficinas de trabajo y de colocación colaborarán con el Departamento de inmigración de Buenos Aires y con las comisiones locales para atender los pedidos de "profesores, artesanos, jornaleros o labradores que se les hicieses" y "procurar condiciones ventajosas para la colocación de los inmigrantes (art.10) "en el arte, oficio o industria a que prefiriesen dedicarse (art.48). El Departamento de Inmigración deberá "propender por todos los medios a su alcance a fomentar y facilitar la internación de inmigrantes en el Interior (art.3).

En el artículo 12 la ley define como inmigrante a "todo extranjero jornalero, artesano, industrial, agricultor o profesor, que siendo menor de sesenta años y acreditando su moralidad y sus aptitudes, llegase a la república para establecerse en ella, en buques a vapor o a vela, pagando pasaje de segunda o tercera clase, o teniendo el viaje pagado por cuenta de la Nación, de las provincias o de las empresas particulares, protectoras de la inmigración y la colonización.

Todo inmigrante, siempre que "acreditase suficientemente su buena conducta y su aptitud para cualquier industria, arte u oficio útil", gozaba del derecho de ser alojado y mantenido a expensas del Estado durante los cinco días siguientes a su desembarco (art.45). Además, el Poder Público se hacía también cargo de su traslado al lugar del país que eligiese como residencia. Por otra parte, cuando el inmigrante así lo desease, podía obtener ocupación a través de la Oficina del Trabajo.

En caso de dirigirse al interior del país, y si en el lugar de destino había Comisión de Inmigración, ésta debía otorgar al inmigrante alojamiento y alimentación por un plazo de hasta diez días.
Los capítulos referidos a la Colonización eran siete. El primero de ellos creaba la Oficina de Tierras y colonias, organismo encargado de centralizar la acción estatal. La ley preveía diversos sistemas de colonización:

> Colonización directa por el Estado en territorios nacionales y en tierras cedidas por los gobiernos de provincia.
> Colonización indirecta a través de empresas particulares en tierras ya mensuradas y divididas, o en lugares que no hubieran sido explotados.
> Colonización por iniciativa individual.
> Colonización de los gobiernos provinciales estimulados por el gobierno nacional.
> Colonización por particulares amparados por el gobierno.

Paralelamente a la acción de fomento de la inmigración por parte del Estado, las condiciones políticas y económicas de la Argentina, sobre todo a partir de 1880, sirvieron de estímulo para la llegada masiva de inmigrantes.

EL NUEVO ROSTRO DE LA SOCIEDAD

Este impacto se reflejó en mayor o menor medida según la distribución geográfica en el país, las áreas receptoras más importantes y aquellas que recibieron menor cantidad de inmigrantes. A partir de ello se construyeron los distintos "tipos" que se originaron en la mezcla de tradiciones: el gaucho judío, el tano, el gallego, los comerciantes "turcos", y su caracterización según las distintas formas de actividades económicas a las que se sumaron los recién llegados, tanto en la ciudad como en el campo.

Asimismo, simultáneamente a los procesos de integración, también se desarrollaron, por los propios inmigrantes, mecanismos o instituciones como forma de solidaridad y resguardo de sus tradiciones: las mutuales, las asociaciones por nacionalidad, los núcleos de ayuda mutua, los clubes sociales y deportivos. Este fue un ámbito excepcional para la integración de las distintas colectividades organizadas en el país.

En el caso específico de la inmigración radicada en las ciudades es importante destacar la influencia de la misma en la arquitectura, la incorporación de nuevas formas de construcción.
El impacto de la inmigración se expresó en la movilidad social que se estableció y en la concreción del "hacer la América"; la cultura del trabajo y el esfuerzo como un mecanismo que obtenía resultados en la sociedad abierta que se encontraba.

Pero también existió un cierto malestar social, derivado en parte de estas mismas condiciones de trabajo, que sumadas a las nuevas ideas que los inmigrantes traían de Europa posibilitaron el surgimiento del movimiento obrero organizado, como así también el anarquismo, el socialismo, el sindicalismo. Esta consecuencia "no deseada" puede ejemplificarse con los conflictos más relevantes de la época (1880 - 1914) como la huelga de 1909, y las medidas que tomó el Estado: las leyes de "Residencia" y de "Defensa Social", junto con los informes sobre la clase obrera argentina y los proyectos de establecimiento de códigos de trabajo.

El otro aspecto relevante es la cuestión de la participación de los inmigrantes en la cosa pública, qué tipo de incorporación planteaban las elites argentinas de los mismos y qué representaba su "nacionalización" a través de su permanencia y descendencia.
La influencia de inmigrantes en la conformación de nuestra tradición artística, sus aportes en la plástica y la música, constituye un importante ítem dentro del tema, como así también en el campo científico y técnico.

La confluencia de tradiciones se expresa hoy en día en actividades que se convirtieron en experiencias colectivas nacionales como por ejemplo el tango y el fútbol.


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