Doce millones en 'La Terminal'
INTERNACIONAL - 5 de Enero de 2012
Doce millones en 'La Terminal'
Una particular situación sufren varios millones de personas en todo el mundo que, por diferentes motivos, sus países de origen dejaron de existir. Así pierden su nacionalidad y se convierten en apátridas.

La película de Steven Spielberg "La terminal" cuenta la historia de Viktor Navorski (Tom Hanks) que, coincidiendo con su llegada al aeropuerto Kennedy para pasear como turista en Nueva York, en su país natal del este de Europa acontece un violento golpe de Estado que lo deshace como unidad política. Como a partir de esa situación el pasaporte de Navorski era de ninguna parte, quedó varado y sin autorización para entrar en Estados Unidos o salir para otro país.

¿Cuántos Navorskis, por esa u otras razones, se contabilizan hoy por hoy en el mundo? Aunque no es nada fácil contarlos, como suele suceder con las estadísticas migratorias, según el ACNUR, andamos en 12 millones de “apátridas” o “stateless” (por su voz inglesa; literalmente: “sin estado”). No se trata de una más o menos dificultosa posibilidad práctica de censar. La primera pregunta a formular es: ¿quién debe ser contado? Los funcionarios del ACNUR explican que en el mejor de los casos la medición de los apátridas es difícil porque los afectados no tienen identidad legal y permanecen ocultos.

Ciertamente, la circunstancia sufrida por Navorski, con ser la principal, no es la única causa que deja a los seres humanos en este limbo de pesadilla. Por las rendijas legales de las complejas leyes migratorias muchas veces se escapa el estatus de ciudadano. Por caso, en algunos países la ciudadanía se pierde automáticamente después de una prolongada residencia en otro país. El incumplimiento o la imposibilidad de inscribir a los recién nacidos, un problema generalizado en muchos países en desarrollo, deja a muchos niños sin prueba de donde nacieron y de quiénes fueron sus padres o de donde eran. La discriminación contra la mujer hace que actualmente al menos en 30 países sólo los hombres puedan transmitir su ciudadanía a sus hijos. Los hijos de las mujeres de estos países que se casan con extranjeros son potenciales apátridas. La discriminación racial y étnica también genera apátridas, al excluir por ley que algunos grupos minoritarios accedan a la ciudadanía.

Este panorama interpela no sólo por el problema humano en sí, sino además porque de cara a las vías de solución que contemple todos los intereses en presencia, hay que considerar que se cumplieron 50 años de la “Convención para Reducir los Casos de Apatridia” de la ONU, la cual no fue recibida con mucho entusiasmo por los países debido a razones atendibles y de las otras que sería largo enumerar. Aún hoy son pocos los que la han ratificado y en este diciembre se espera que en la reunión ministerial a llevarse a cabo, en Ginebra, Suiza, se registren avances para acotar los alcances de este verdadero limbo legal. Hay que ser para estar, no hay tutía. 


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