La nueva inmigración de la Argentina

Si en el próximo colectivo al que usted se sube hay más de diez pasajeros, es muy probable que al menos uno de ellos haya nacido en Bolivia, Paraguay o Perú. Y si ese colectivo atraviesa barrios del sur porteño, el porcentaje puede duplicarse o hasta triplicarse. El Censo 2001 registró 1,5 millón de extranjeros viviendo en la Argentina; aunque ahora datos consulares y de la Dirección Nacional de Migraciones revelan que el mapa actual de la inmigración es muy diferente al dibujado ocho años atrás, y que ya un 10 % de la población de nuestro país nació en alguna de las tres naciones hermanas.

Datos de organizaciones civiles y estimaciones de las embajadas de Paraguay, Perú y Bolivia dicen que, en conjunto, ya serían entre 3 y 4 millones los ciudadanos de esos países viviendo en Argentina, aunque muchos de ellos permanecen indocumentados.

Motivados por la reactivación económica desde 2003, cientos de miles de bolivianos, peruanos y paraguayos llegaron a Argentina en busca de trabajo. Muchos lo hicieron siguiendo los pasos de amigos y familiares, que durante los años 90 arribaron al país con el objetivo de hacerse de pesos-dólares para comenzar una nueva vida en su regreso. Esta vez, con el peso devaluado y las peores condiciones en sus países, los inmigrantes llegan con la idea de quedarse y por eso se organizan en barrios de la Ciudad y el Conurbano, donde aprenden oficios, acuden a cursos de su interés, abren restaurantes de comida tradicional y defienden sus derechos.

El éxito del Programa Patria Grande, un plan del Ministerio del Interior para legalizar desde 2006 tanto a los que ya viven como a los recién llegados, es prueba de la continuidad del flujo migratorio: cerca de un millón de personas ya se anotaron para obtener su residencia, y, ante el caudal de gente que se agolpaba desde la madrugada para hacer el trámite, el mes pasado se debió aprobar una prórroga del programa y abrir una línea telefónica para solicitar los turnos.

“Los pedidos de radicación se multiplicaron por diez desde principio de la década, aunque la mayoría ya vivía en el país”, informaron desde la cartera política. La inmigración está produciendo un cambio en las costumbres en la Ciudad de Buenos Aires, en donde se estima que 15 por ciento de la población es extranjera, en su mayoria de países vecinos, un 5% más que en 2001, aunque lejos del 30% que se registraba en el censo de 1914. Aun sin estadísticas oficiales, se estima que en partidos como La Matanza y Florencio Varela los extranjeros ya son un 10%, mientras la cifra llegaría a 20% o 30% en barrios del sur porteño, de acuerdo a estadísticas de la comunidad.

Con casi un 10 por ciento de la población argentina nacida en Paraguay, Bolivia o Perú, ya son decenas las cuadras y barrios de la Ciudad y el Conurbano que crecen al ritmo de sus culturas. La inmigración, sin embargo, se manifiesta también en nuevas problemáticas, como la discriminación –según INADI más de un tercio de las denuncias por segregación tienen su causa en la nacionalidad–, el trabajo esclavo o en negro y la falta de acceso a la salud y a la educación por parte de personas indocumentadas. Ahora, la crisis les ha traído un nuevo problema a las familias que dejaron atrás: cuentan con menos dinero para mandarles.

El envío de remesas de extranjeros residentes en nuestro país ha caído entre 10 y 30 por ciento en lo que va del año, de acuerdo a cifras oficiales y extraoficiales a las que tuvo acceso PERFIL, y son el reflejo del empeoramiento del nivel de vida de los millones de inmigrantes que aloja nuestro país. La caída del empleo en sectores como la construcción, el comercio y la industria textil sumó un problema más a los ciudadanos de Bolivia, Paraguay y Perú, que en conjunto representan más de la mitad de los extranjeros viviendo en nuestro país.

La preocupación en las naciones limítrofes receptoras de remesas se manifiesta en varios informes de ONG de esos países y notas periodísticas sobre el tema, y pone en evidencia la continuidad de los flujos migratorios desde esos destinos. Es además una señal de alarma del impacto que la crisis mundial está provocando en Argentina, más allá de lo que los índices del INDEC puedan determinar.

Economistas, organizaciones no gubernamentales, periodistas y hasta residentes de los principales destinos de las remesas advirtieron en entrevistas con PERFIL una fuerte caída en el número de envíos y en los montos transferidos al extranjero, en especial a países limítrofes, una situación similar a la que se registra en toda América latina, y que preocupa también a organismos internacionales.

El Banco Mundial estimó en un informe reciente que el dinero que arribó a la región, desde Ciudad Juárez hasta Ushuaia, de países considerados del “primer mundo”, se contraerá en 2009 entre 5 y 10 por ciento, de 60 mil a 55 mil millones de dólares, lo que sería la primera caída desde 1995, cuando comenzó a estudiarse este flujo de divisas. El dato no es menor, ya que el dinero que recibe América latina en concepto de remesas “es superior a la suma de todas las inversiones directas de capital” que llegan a la región, según estadísticas del FMI.

Paraguay, Bolivia y Perú, tres de los destinos más importantes de los casi 500 millones de dólares transferidos desde Argentina en concepto de remesas, acusan una caída de entre 10 y 30 por ciento en los envíos de remesas desde nuestro país en los primeros tres meses de 2009. En conjunto, estiman que sólo en ese plazo, entre 50 y 75 millones de dólares dejaron de enviarse.

Lamento boliviano. Desde que el potosino Cornelio Saavedra encabezó la Primera Junta hace casi 200 años, miles de bolivianos cruzaron los 773 kilómetros de frontera en busca de trabajo. “Las primeras migraciones importantes se registraron a inicios del siglo pasado, cuando miles de bolivianos llegaban al norte argentino para trabajar en las cosechas”, para luego retornar al término de la zafra, explicó a PERFIL el cónsul de Bolivia en Buenos Aires, José Gonzales.

A mitad del siglo XIX, esa población golondrina comenzó a bajar hacia Mendoza, Córdoba y Buenos Aires; y mientras tenían relativo éxito económico, comenzaban a prolongar sus estadías en Argentina “o, por último, a echar raíces”. Según Gonzales, “hoy tenemos aquí hasta tres generaciones: bolivianos que cuentan con hijos, nietos y bisnietos nacidos en este país”.

Si bien el Censo 2001 registó apenas 233 mil bolivianos, datos de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia estimó que “más de dos millones de ciudadanos viven en diferentes países extranjeros, un 73 por ciento de ellos en Argentina”. La Embajada dice que entre 1,5 y 2 millones de ciudadanos de ese origen viven en el país, es decir un 5 por ciento de la población. La mayoría vive en los partidos bonaerenses de La Matanza, Morón y Tres de Febrero.

Si bien no existen estudios certeros sobre el tema, cifras del BID y del Banco Mundial sugieren que entre 7 y 10 por ciento del PBI de Bolivia corresponde a remesas, la mayoría de las cuales pasan a través de la frontera diariamente, por fuera del sistema bancario. A diferencia de los inmigrantes de Paraguay y Perú, muchos bolivianos llegan engañados al área metropolitana de Buenos Aires para trabajar arduamente en talleres textiles, “cobrando un sueldo que no alcanza para vivir y además enviar dinero, aunque muchos pueden hacerlo”, explicó una joven que reside en Núñez.

Logran en parte ser engañados por la dramática situación económica de Bolivia, que hace que un 61 por ciento de los bolivianos quieran marcharse de su país, según la consultora Apoyo, Opinión y Mercado, citada en un artículo del portal Comunidad Boliviana. La mayoría quiere emigrar a España o Estados Unidos, aunque lo hacen a la Argentina por una cuestión de “cercanía”, añade un reporte del Centro de Estudios Laborales y Agrarios (CEDLA).

Los bolivianos han hecho del barrio porteño de Liniers su “pequeña La Paz”: allí está el Centro de Comerciantes Bolivianos, y hay bares como Jamuy, donde las especialidades son el api y el fricasé, dos platos de origen boliviano; y bailantas como Mágico Boliviano.

Sin embargo, según sus referentes, la comunidad boliviana es la que más sufre discriminación, el trabajo esclavo y la falta de vivienda. La Federación de Entidades Bolivianas (Fidebol) alerta que cerca de medio millón de compatriotas viven en forma clandestina, a raiz de la “explotación laboral que padecen”; mientras que la Cooperativa La Alameda, dirigida por Gustavo Vera, viene denunciando desde hace varios años la existencia de un centenar de talleres textiles ilegales, donde se somete a la servidumbre a los inmigrantes, casi todos bolivianos.

Deconstrucción paraguaya. Paulo y Cristina C., una pareja de paraguayos entrevistada al salir del local de Western Union en Belgrano, contó que el del día “fue el segundo envío del año, de 220 dólares”. El es obrero de la construcción y ella, empleada de un comercio de telas. Enviaban hasta diciembre pasado los 300 dólares mensuales que Cristina gana por mes, hasta que Paulo fue suspendido de su trabajo por falta de obras. “Ahora le dan la mitad (del sueldo) y ayuda al primo”, también albañil, aunque deben usar los dos ingresos para mantenerse.

La historia no es aislada y se repite entre muchos que viven en Argentina, aunque también de los que residen en España y Estados Unidos, los dos principales destinos de los paraguayos. En el país, los migrantes tienen la desventaja de no contar con seguro de desempleo. Además, “cuando el peso se devaluó a de 3 a 3,7 pesos, el dinero que recibe nuestra familia también disminuyó”, añadió Cristina.

La poderosa Asociación de Casas de Cambio del Paraguay aseguró a PERFIL que en el primer trimestre del año las remesas entrantes cayeron hasta 20% en comparación con el mismo período de 2008, tras crecer de 223 a 450 millones de dólares entre 2003 y 2007. La contracción “es similar a lo que sucedió durante la crisis argentina, cuando entre 2000 y 2002 cayó el arribo de remesas de 278 a 202 millones de dólares”, afirmó una fuente del Banco Central paraguayo.

Félix Lugo, del diario ABC Color de Paraguay, citó fuentes del BID que confirman una caída de 20 por ciento en la llegada de remesas; y, con relación a nuestro país, relató a PERFIL que “existe un flujo migratorio constante desde el Paraguay. El mayor porcentaje es informal, por lo cual sus remesas se canalizan por sectores también informales que escapan del control de las autoridades”. En este caso, las principales vías de envío son las “empresas de transporte, familiares, amigos o los propios migrantes que retornan al país temporalmente”, explicó.

Para el BID, las remesas llegadas a Paraguay fueron de 800 millones de dólares en 2008, es decir un 5 por ciento del producto bruto interno (PBI), por lo que una caída en las remesas podría generar una recesión económica por sí misma.

Mientras tanto, la llegada de ciudadanos paraguayos no cede, y el consulado de ese país en Buenos Aires estima que podría llegar a “medio millón” la cantidad de paraguayos residentes; mientras que, contando su descendencia, ya serían entre “1,5 y 2 millones” de personas.

La comunidad paraguaya ha importado el guaraní, así como sus gustos y costumbres. Se estima que existe una veintena de radios FM de la comunidad y se imprimen publicaciones como Ñeengatú y Paraguay, nuestro país, además de emitirse el programa de cable Viva Paraguay. Según el consulado, la “tasa de retorno es mínima” y, tras muchos años trabajando como obreros en la industria de la construcción, cuero, calzado y plásticos, muchos han logrado diversificarse hacia el comercio o montar pymes dedicadas a la construcción.

Pisco libre. Los peruanos son quizá la muestra más clara del flujo migratorio de los últimos años. Según el último censo eran apenas 87.546 en 2001, repartidos en la Ciudad y el Conurbano, y un pequeño porcentaje en Córdoba y Santa Fe. Hoy, ocho años después, la embajada estima que unos 300 mil habitan en el país, de los cuales cerca de un tercio habrían adherido a Patria Grande.

Las historias cotidianas de los peruanos que llegaron a la Argentina son retratadas en radios y blogs por los mismos inmigrantes. Uno de ellos es Gustavo Huayre, hermano Carlos Huayre, quien vino hace 14 años y ahora participa en programas en FM y es editor del mensuario Cholo con Che. Huayre cree que muchos de sus compatriotas vienen al país por un prejuicio positivo: “Creen que Argentina está mejor de lo que está”.

Productor del programa Puerto Libre de FM Mágica Internacional, el peruano identifica dos “olas” de migración peruana: la primera, hasta los 80, estaba formada por estudiantes, en su mayoría de Medicina y Derecho, que solían estudiar en La Plata. Pertenecían a familias de clase media o alta, y solían regresar a Perú. La segunda, a partir de la Convertibilidad, la formaron quienes vinieron a “probar suerte”. Esos peruanos eran “trabajadores calificados, casi todos con estudios secundarios completos”, dice.

Subraya que por su experiencia periodística sabe bien que “las remesas de los peruanos en el exterior son una de las mayores fuentes de ingresos de la economía peruana. Se usan empresas de envíos de dinero y, que yo sepa, son pocos los casos en que alguien regresa con dinero ahorrado”. Las estadísticas del Banco Mundial lo demuestran: Perú recibe entre 2.000 y 2.500 millones de dólares en remesas, entre un 2% y un 3% de su PBI. Perfil 14-06-09